David Copperfield
David Copperfield Sin embargo, no fue desposeída de su autoridad sin una sombra de protesta. Una noche en que la señorita Murdstone había estado explicando a su hermano ciertos proyectos relacionados con la casa, a los que él daba su beneplácito, mi madre se echó de pronto a llorar y afirmó que podrían haberle consultado a ella.
–¡Clara! –protestó el señor Murdstone con severidad–. ¡No te entiendo, Clara!
–Está bien que te sorprendas, Edward –respondió mi madre–; está bien que hables de firmeza, pero a ti tampoco te gustaría que te hicieran esto.