David Copperfield
David Copperfield Debo decir que la «firmeza» era la cualidad que más valoraban el señor y la señorita Murdstone. No sé cómo habrÃa explicado entonces ese concepto, si me lo hubieran preguntado, pero lo cierto es que ya comprendÃa, a mi manera, que era sinónimo de tiranÃa, asà como de un humor sombrÃo, arrogante y diabólico, común a los dos hermanos. Su doctrina, tal como hoy la definirÃa, era la siguiente: el señor Murdstone era un hombre de gran firmeza; nadie de su esfera podÃa ser tan firme como él; nadie de su esfera podÃa mostrar la menor firmeza, pues todo el mundo tenÃa que doblegarse ante él. La señorita Murdstone constituÃa una excepción. Ella podÃa ser firme, pero sólo por su parentesco, y en un grado inferior y subordinado. Mi madre era otra excepción. Ella podÃa ser firme, y debÃa serlo; pero sólo para someterse a la firmeza de ellos, creyendo firmemente que no existÃa otra firmeza sobre la tierra.
–Es muy duro que en mi propio hogar… –empezó a decir mi madre.
–¿Mi propio hogar? –repitió el señor Murdstone–. ¡Clara!