David Copperfield
David Copperfield Comprendí, de ese modo, que la señorita Mills había sufrido más de un contratiempo en el curso de su accidentada vida, lo que tal vez explicara el aire de indulgente sabiduría que yo había percibido antes. Descubrí que era así a lo largo del día: la señorita Mills había tenido un amor desgraciado y, tras aquella amarga experiencia, se había retirado del mundo, aunque seguía contemplando con sereno interés las esperanzas y los amores contrariados de la juventud.
El señor Spenlow salió de la casa y Dora fue a su encuentro.
–¡Mira qué flores tan bonitas, papá! –exclamó.
Y la señorita Mills sonrió pensativa, como diciendo: «Efímeras,[70] gozad de vuestra breve existencia en la mañana luminosa de la vida». Y todos caminamos por el césped hacia el carruaje, casi listo para partir.