David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

–Aunque no veo por qué iba a importarle estar a mi lado –continuó Dora–, o por qué iba a llamar a eso felicidad. Pero, naturalmente, no habla en serio. Estoy segura de que nadie pone en duda que es usted muy libre de hacer lo que desee. ¡Jip, tunante, ven aquí!

No sé cómo lo hice. Todo ocurrió en un instante. Cerré el paso a Jip. Cogí a Dora en mis brazos. Estaba lleno de elocuencia. De mi boca fluían las palabras. Le dije cuánto la amaba. Le dije que moriría sin ella. Le dije que la idolatraba y la adoraba. Y durante todo ese tiempo, Jip ladraba como un loco.

Cuando Dora, toda temblorosa, inclinó su cabeza y rompió a llorar, mi elocuencia aumentó. Si ella quería que muriese por ella, no tenía más que comunicármelo, yo estaba dispuesto. La vida sin su amor carecía de sentido. No podría soportarla, ni estaba dispuesto a hacerlo. La había amado cada minuto, cada día, cada noche, desde que la conocía. La amaba en ese instante con locura. La amaría siempre, cada minuto de mi vida, con locura. Otros hombres habían amado antes que yo, y otros lo harían después, pero ninguno había amado nunca, ni podría, ni sabría, ni querría, ni debería amar jamás como yo la amaba a ella. Cuanto más desvariaba yo, más ladraba Jip. Los dos, cada uno a nuestra manera, parecíamos enloquecer por momentos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker