David Copperfield
David Copperfield Después de esto, la señora Crupp se contentó con poner toda clase de obstáculos en la escalera, especialmente vasijas con agua, a fin de que Peggotty se rompiera una pierna. Era un verdadero tormento vivir en aquel estado de sitio, pero tenÃa demasiado miedo de la señora Crupp para encontrar una solución.
–Mi querido Copperfield –exclamó Traddles, presentándose puntualmente en mi puerta, a pesar de los escollos que habÃa tenido que sortear–, ¿cómo estás?
–Mi querido Traddles –dije–, ¡estoy encantado de verte, por fin! Lamento no haber estado en casa cuando viniste, pero he tenido que ocuparme de tantas cosas…
–SÃ, sÃ, lo sé –respondió él–. Es natural. La tuya vive en Londres, ¿no es asÃ?
–¿Qué quieres decir?
–Tengo entendido que ella… te ruego que me disculpes, la señorita D. –señaló Traddles con gran delicadeza, al tiempo que se sonrojaba– vive en Londres.
–¡Oh, sÃ! En las cercanÃas.
–Quizá recuerdes que la mÃa vive en Devonshire –añadió Traddles–, con sus nueve hermanas. Asà que, en ese sentido, no estoy tan ocupado como tú.
–Me gustarÃa saber cómo puedes soportar verla tan poco –repliqué.