David Copperfield
David Copperfield Intenté averiguar si el señor Dick conocía las causas del repentino cambio en las finanzas de mi tía. Tal como esperaba, no sabía nada en absoluto. Lo único que pudo decirme fue que, dos días antes, ella le había preguntado:
–Veamos, Dick, ¿eres real y verdaderamente el filósofo que yo creo?
Y cuando él le había contestado que así lo esperaba, mi tía había añadido:
–Dick, estoy arruinada.
Y cuándo él había exclamado: «¿De veras?», mi tía le había cubierto de elogios, para su gran satisfacción. Y entonces habían venido a mi encuentro y, durante el viaje, habían comido emparedados y bebido cerveza negra.