David Copperfield
David Copperfield Asintió con la mayor seriedad; y me suplicó que si le veía desviarse del camino recto, aunque sólo fuera una pulgada, volviera a conducirle a él, valiéndome de alguno de esos elevados métodos con los que yo estaba tan familiarizado. Pero lamento decir que el miedo que le habían inspirado mis palabras fue superior a todos sus esfuerzos por disimularlo. No dejó de mirar a mi tía en toda la velada, con una expresión de profundo temor, como si ella adelgazara a ojos vistas. Fue consciente de eso e intentó detener los movimientos de su cabeza; pero eso no sirvió de nada, ya que empezó a mover los ojos como si fueran piezas de un artilugio mecánico. Durante la cena, le vi contemplar la hogaza (que aquel día era bastante pequeña) como si fuera lo único que se interpusiera entre nosotros y el hambre; y cuando mi tía insistió en que cenara como de costumbre, me di cuenta de que escondía trozos de pan y de queso en el bolsillo, destinados, sin la menor duda, a devolvernos las fuerzas cuando estuviéramos a punto de morir de inanición.