David Copperfield
David Copperfield Me costaba creer que una noche tan larga para mí pudiera ser corta para otros. A raíz de esa reflexión, empecé a imaginar y a imaginar una fiesta en la que los invitados pasaban las horas bailando, hasta que esos pensamientos también formaron parte del mundo de los sueños; y oía cómo los músicos tocaban sin cesar la misma melodía, y veía cómo Dora bailaba sin cesar la misma danza, sin hacerme el menor caso. El hombre que había tocado el arpa durante toda la noche estaba tratando en vano de cubrir su instrumento con un gorro de dormir, de tamaño ordinario, cuando me desperté; aunque más bien debería decir cuando renuncié a intentar dormirme, y los rayos de sol entraron, finalmente, por la ventana.