David Copperfield
David Copperfield –Sà –repuso Agnes–. TenÃan que resolver un asunto, y yo he aprovechado para venir con ellos. No creas que mi visita es únicamente amistosa y desinteresada, Trotwood, pues… aunque temo que mis prejuicios sean injustos… no me gusta dejar a papá a solas con Uriah.
–¿Sigue ejerciendo la misma influencia sobre el señor Wickfield, Agnes?
Ella movió la cabeza.
–Todo ha cambiado tanto –contestó– que difÃcilmente reconocerÃas nuestro viejo y querido hogar. Ellos viven ahora con nosotros.
–¿Ellos? –repetÃ.
–El señor Heep y su madre. Él duerme en tu antigua habitación –dijo Agnes, mirándome al rostro.
–¡Ojalá tuviera el control de sus sueños! –exclamé–. No dormirÃa ahà mucho tiempo.
–Yo sigo en mi pequeño dormitorio –prosiguió Agnes–, donde antes hacÃa los deberes. ¡Cómo pasa el tiempo! ¿Te acuerdas? El cuartito revestido con paneles que daba a la sala.
–¡Que si me acuerdo, Agnes! La primera vez que te vi, ¿no fue delante de esa puerta con tu original cestito de llaves en el costado?
–TodavÃa lo tengo –repuso Agnes, sonriendo–. Me alegro de que lo recuerdes con cariño. Éramos muy felices.