David Copperfield
David Copperfield –Sà que lo éramos –afirmé.
–He conservado esa habitación para mÃ; pero no puedo dejar a la señora Heep siempre sola, ¿sabes? –dijo tranquilamente–. Me siento obligada a hacerle compañÃa, cuando preferirÃa estar sola. Pero no tengo ningún otro motivo para quejarme de ella. Si algunas veces me cansa es porque está siempre elogiando a su hijo, lo cual es natural en una madre. Él se porta muy bien con ella.
Observé a Agnes cuando pronunció estas palabras, y comprendà que desconocÃa las intenciones de Uriah. Su mirada dulce, aunque llena de gravedad, se cruzó con la mÃa sin perder su maravillosa franqueza, y su amable rostro no experimentó el menor cambio.
–El principal inconveniente de que vivan en casa –prosiguió Agnes– es que no puedo estar tan cerca de papá como quisiera, ya que Uriah pasa demasiado tiempo con nosotros; eso me impide velar por él (si no es demasiado presuntuoso por mi parte utilizar esa expresión) como me gustarÃa. Sin embargo, si alguien planea engañarlo y traicionarlo, espero que el amor y la verdad acaben saliendo victoriosos. SÃ… espero que el amor y la verdad acaben saliendo victoriosos sobre todas las injusticias y las desgracias de este mundo.