David Copperfield
David Copperfield Sí, y vuelvo a advertir que, cuando regresamos a casa, algunos vecinos nos contemplan a mi madre y a mí, sin dejar de cuchichear. Mientras los tres caminan del brazo y yo me quedo rezagado, vuelvo a seguir algunas de aquellas miradas, y me pregunto si el paso de mi madre ya no es tan ligero como antes y si las preocupaciones han restado lozanía a su belleza. Vuelvo a pensar si los vecinos recordarán, al igual que yo, cómo antes volvíamos a casa los dos juntos; y paso todo el día torturándome neciamente con esas cosas.
En varias ocasiones se había hablado de enviarme a un internado. El señor y la señorita Murdstone lo habían propuesto y, como es natural, mi madre había estado de acuerdo con ellos. Nada, sin embargo, se había decidido al respecto. Entretanto, yo estudiaba en casa.