David Copperfield
David Copperfield –Sé perfectamente, señorito Copperfield, que su tÃa, a pesar de ser una persona excelente, tiene el genio muy vivo (lo cierto es que creo haber tenido el placer de conocerla antes que usted, señorito Copperfield, cuando yo no era más que un humilde escribiente), y es natural que en las actuales circunstancias se haya vuelto aún más irritable. ¡Lo que me asombra es que no esté mucho peor! Sólo he venido para decirles que, si pudiéramos hacer algo por ustedes, en las actuales circunstancias, mi madre o yo, o Wickfield y Heep, nos sentirÃamos muy dichosos. Espero que no le parezca una osadÃa por mi parte –concluyó, mirando a su socio con una sonrisa repulsiva.
–Uriah Heep –señaló el señor Wickfield, con expresión monótona y forzada– desempeña un papel muy activo en el bufete, Trotwood. Suscribo plenamente lo que acaba de decirte. Ya sabes que siempre me he interesado por ti. Pero, aparte de eso, suscribo plenamente lo que acaba de decirte.
–¡Oh! ¡Qué recompensa para mà –exclamó Uriah, levantando una pierna, aún a riesgo de ganarse otra reprimenda de mi tÃa– inspirar tanta confianza! Sólo espero aliviar la carga del señor Wickfield, señorito Copperfield, ¡su trabajo es tan fatigoso!
–Uriah Heep es una gran ayuda –afirmó el señor Wickfield, en el mismo tono de voz–. Tener semejante socio, Trotwood, ha sido una liberación para mÃ.