David Copperfield
David Copperfield Era aquel zorro pelirrojo quien le obligaba a hablar así, yo lo sabía, para que apareciera ante mis ojos bajo el aspecto que él había señalado la noche en que envenenó mis sueños. Advertí en su rostro la misma sonrisa desagradable, y vi cómo me observaba.
–Todavía no se va, ¿verdad, papá? –preguntó Agnes, inquieta–. ¿Por qué no vuelve andando con Trotwood y conmigo?
Creo que habría mirado a Uriah antes de responder, si este importante personaje no se le hubiera adelantado.
–Tengo una cita de negocios –exclamó el señor Heep–; de otro modo, me habría encantado quedarme con mis amigos. Pero dejo a mi socio en representación de la firma. Señorita Agnes, ¡siempre suyo! Le deseo un buen día, señorito Copperfield, y presente mis humildes respetos a la señorita Betsey Trotwood.
Con estas palabras, se retiró, enviándonos un beso con su larguísima mano y mirándonos maliciosamente, al igual que una máscara.