David Copperfield
David Copperfield –¡Oh, sÃ! –respondió–; Annie está muy bien y se alegrará mucho de verlo. Siempre fue usted su alumno predilecto. Me lo dijo ayer por la noche, cuando le enseñé su carta. Y… sÃ, seguro que… se acuerda del señor Jack Maldon, ¿no es asÃ, Copperfield?
–Perfectamente, señor.
–Por supuesto –contestó el doctor–. Claro que sÃ. Él también está muy bien.
–¿Ha vuelto a Inglaterra, señor? –pregunté.
–¿De la India? –dijo–. SÃ, el señor Jack Maldon no podÃa soportar el clima. La señora Markleham… no ha olvidado a la señora Markleham, ¿verdad?
¡Olvidar al Viejo Soldado! ¡Y en tan poco tiempo!
–La señora Markleham –prosiguió– estaba muy preocupada por él, pobrecillo; de modo que le hicimos regresar. Le hemos conseguido un pequeño cargo de agente de patentes, algo que va mucho mejor con su carácter.
ConocÃa lo bastante al señor Jack Maldon para sospechar que se trataba de un puesto donde no tenÃa que trabajar mucho y recibÃa un buen salario.