David Copperfield
David Copperfield El doctor estaba muy contento con la perspectiva de trabajar juntos en aquella obra maravillosa, y acordamos empezar al día siguiente a las siete. Trabajaríamos dos horas por la mañana y dos o tres horas al anochecer, excepto los sábados, que sería mi día de descanso. Los domingos, como es natural, también los tendría libres; lo cierto es que sus condiciones me parecieron inmejorables.
Después de arreglar así las cosas, de un modo satisfactorio para ambos, el doctor me condujo al interior de la casa para que saludara a la señora Strong; la encontramos en el nuevo despacho de su marido, quitando el polvo a los libros, una libertad que sólo ella podía tomarse con aquellos objetos sagrados.