David Copperfield
David Copperfield Mirando a uno y otro lado mientras le daba la respuesta adecuada, observé que los enseres familiares estaban ya embalados, y que el equipaje era más bien escaso. Felicité a la señora Micawber por el cambio que se avecinaba.
–Mi querido señor Copperfield –replicó–, sé lo mucho que se ha interesado siempre por nuestros asuntos. Mi familia puede considerar esto un destierro, si asà lo desea; pero yo soy esposa y madre y jamás abandonaré al señor Micawber.
Traddles, al que la señora Micawber apeló con la mirada, asintió con honda emoción.
–Al menos, mis queridos señor Copperfield y señor Traddles –prosiguió nuestra anfitriona–, ésa es mi forma de ver el compromiso que contraje cuando repetà las palabras irrevocables: «Yo, Emma, te tomo a ti, Wilkins». Leà toda la ceremonia de boda la vÃspera de ese gran dÃa, a la luz de una vela, y llegué a la conclusión de que jamás podrÃa abandonar al señor Micawber. Y, aunque tal vez me equivoque al interpretarlo asÃ, ¡jamás lo abandonaré!
–Querida mÃa –exclamó su marido, algo impaciente–, no creo que nadie esté esperando que lo hagas.