David Copperfield
David Copperfield Miré asombrado al señor Micawber, que no disimuló su regocijo al ver mi sorpresa.
–He de decir –exclamó con aire ceremonioso– que la práctica en los negocios y los sabios consejos de la señora Micawber han contribuido en gran medida a que esto se produjera. El guante del que mi mujer les habló en una ocasión fue arrojado en forma de anuncio, y mi amigo Heep lo recogió, gracias a lo cual pudimos reconocernos. De mi amigo Heep –continuó–, que es un hombre de extraordinaria perspicacia, sólo deseo hablar con el mayor respeto. Mi amigo Heep no ha fijado en una cifra demasiado elevada el salario que voy a recibir, pero ha contribuido en gran medida a librarme del peso de las dificultades monetarias, en función del valor de mis servicios. Y en el valor de esos servicios he depositado mi fe. Toda la habilidad e inteligencia que tengo la suerte de poseer –agregó, despreciándose de un modo jactancioso, con la elegancia que le caracterizaba— estarán al servicio de mi amigo Heep. Tengo ya algún conocimiento de la ley, como demandado en un proceso civil, e inmediatamente me enfrascaré en el estudio de los Comentarios de uno de los juristas más eminentes y extraordinarios de nuestro paÃs. Supongo que es innecesario añadir que se trata del juez Blackstone.[77].