David Copperfield
David Copperfield Aquellas observaciones, así como la mayor parte de las que se hicieron en el transcurso de la velada, fueron interrumpidas por la señora Micawber, al descubrir que su primogénito estaba sentado encima de sus botas, o se sujetaba la cabeza con los dos brazos como si temiera perderla, o daba sin querer patadas a Traddles por debajo de la mesa, o colocaba los pies uno encima del otro, o los exhibía a una distancia que parecía contrariar las leyes de la naturaleza, o se tumbaba de costado con los cabellos entre los vasos de vino, o agitaba sus inquietos miembros de un modo incompatible con los intereses generales de la sociedad; y por el joven Micawber, a quien parecían ofender los descubrimientos de su madre. Entretanto, yo continuaba sin salir de mi asombro por la revelación del señor Micawber, y me preguntaba qué habría detrás de ella; hasta que la señora Micawber retomó el hilo de la conversación y acaparó mi atención.