David Copperfield
David Copperfield –Justamente, mi querido señor Traddles –le interrumpió ella–, mi deseo es ser lo más prosaica y literal posible en un asunto de tanta relevancia.
–… es –prosiguió el joven– que esa rama de la ley, aunque el señor Micawber fuera un abogado…[78]
–Exactamente –volvió a interrumpirle nuestra anfitriona–. ¡Wilkins! ¡No bizquees! ¡Te quedarás asà para siempre!
–… no tiene nada que ver con esos cargos. Sólo un licenciado en derecho[79] cumplirÃa los requisitos para ser elegido juez o canciller; el señor Micawber necesitarÃa estudiar cinco años en la universidad.
–Veamos si le he comprendido –exclamó la señora Micawber, adoptando su expresión más afable de mujer de negocios–. ¿Quiere usted decir, mi querido señor Traddles, que, al finalizar ese perÃodo, el señor Micawber cumplirÃa los requisitos para ser elegido juez o canciller?
–En efecto, entonces podrÃa ser elegido –respondió Traddles, subrayando esta última palabra.