David Copperfield
David Copperfield La señorita Mills y su diario fueron mi único consuelo durante ese período. Reunirme con ella, que acababa de estar con Dora… seguir la inicial del nombre de Dora a través de sus amables páginas… ser animado por ella a desesperarme… era lo único que aliviaba mi dolor. Tenía la impresión de haber vivido en un castillo de naipes que se había derrumbado, dejándonos a la señorita Mills y a mí solos entre las ruinas; como si un cruel hechicero hubiera dibujado alrededor de la inocente diosa de mi corazón un círculo mágico, que únicamente esas poderosas alas, capaces de llevar a tanta gente por encima de tantas dificultades, me permitirían franquear.