David Copperfield
David Copperfield Mi tÃa, que empezaba a estar seriamente preocupada, supongo, por mi prolongado abatimiento, fingió estar deseosa de que fuera a Dover para ver si todo marchaba bien en su casa, que habÃa alquilado, y para firmar un nuevo contrato con el inquilino. Janet habÃa entrado al servicio de la señora Strong, donde yo la veÃa a diario. Antes de abandonar Dover, habÃa dudado mucho si poner punto final a la renuncia a los hombres que le habÃa inculcado mi tÃa, casándose con un práctico del puerto; pero habÃa preferido no correr ese riesgo. No creo que fuera por respeto a dicho principio, sino porque él no le gustaba.
Aunque me costaba mucho dejar a la señorita Mills, cedà de buena gana a la pretensión de mi tÃa, pues asà tendrÃa la oportunidad de pasar unas horas tranquilas con Agnes. Le pregunté al buen doctor si podrÃa ausentarme tres dÃas y, como éste insistió en que me tomara un descanso –querÃa darme más dÃas libres, pero mi energÃa no lo habrÃa soportado–, decidà ponerme en camino.
