David Copperfield
David Copperfield En cuanto a los Commons, no tenÃa por qué preocuparme demasiado de mis obligaciones allÃ. A decir verdad, cada vez estábamos peor vistos entre los procuradores eclesiásticos más prestigiosos, y nos deslizábamos rápidamente hacia una posición más que dudosa. El negocio habÃa sido mediocre en tiempos del señor Jorkins, antes de la llegada del señor Spenlow; y, a pesar de que la inyección de sangre nueva y la ostentación del padre de Dora lo habÃan ayudado a prosperar, aún carecÃa de una base suficientemente sólida para resistir, sin sentir la sacudida, un golpe tan brutal como la pérdida repentina del más activo de sus socios. Lo cierto es que declinó muchÃsimo. El señor Jorkins, a pesar de la fama que tenÃa entre nosotros, era uno de esos hombres indolentes e incapaces, cuya reputación de puertas afuera no le respaldaba en absoluto. Ahora no tenÃa más remedio que tratar con él y, cuando le veÃa tomar su rapé y descuidar sus negocios, lamentaba más que nunca las mil libras de mi tÃa.