David Copperfield
David Copperfield Me despedà del señor Micawber, por el momento, pidiéndole que diera mis mejores recuerdos a su familia. Cuando le vi sentarse de nuevo en el taburete y coger la pluma, moviendo la cabeza dentro del cuello de la camisa para poder escribir mejor, comprendà con claridad que algo se habÃa interpuesto entre él y yo desde que habÃa asumido sus nuevas funciones, impidiendo que nos entendiéramos como antes y alterando por completo el carácter de nuestra relación.
No encontré a nadie en el viejo y singular salón, aunque la señora Heep habÃa dejado huellas de su paso. Me asomé a la habitación que seguÃa siendo de Agnes y la vi sentada junto al fuego, trabajando en su antiguo y hermoso escritorio.
Como yo le quitaba la luz, ella levantó la mirada. ¡Qué dichoso me sentà de ser la causa de que su amable rostro se iluminara, y el objeto de su dulce sonrisa de bienvenida!
–¡Ay, Agnes! –exclamé, cuando nos sentamos el uno al lado del otro–. ¡Te he echado tanto de menos últimamente!
–¿De veras? –dijo ella–. ¡Otra vez! ¿Y tan pronto?
Movà la cabeza.