David Copperfield
David Copperfield –No sé lo que me ocurre, Agnes; es como si careciera de alguna facultad que debiera tener. Creo que nunca la he adquirido porque tú siempre pensabas por mà en los buenos viejos tiempos, y yo tenÃa la costumbre de acudir a ti en busca de consejo y de apoyo.
–¿Y cuál es esa facultad?
–No sé cómo llamarla –respondÖ. Pienso que soy serio y perseverante…
–Estoy convencida –dijo ella.
–¿Y paciente? –pregunté, con cierta vacilación.
–S…sà –afirmó Agnes, riendo–. Bastante paciente.
–Y, sin embargo –proseguÖ, a veces me siento tan desgraciado y tan inquieto, y soy tan inseguro e indeciso a la hora de tomar una determinación, que supongo que me falta… no sé cómo llamarlo… algún tipo de confianza.
–Si quieres darle ese nombre… –contestó Agnes.