David Copperfield
David Copperfield –¿Quiere que regresemos? –dijo Uriah, obligándome a dar la vuelta.
La luna acababa de salir y brillaba sobre la ciudad, tiñendo las ventanas de color plateado, en la lejanÃa.
–Antes de cambiar de tema, me gustarÃa que comprendiera –le dije, después de un largo silencio– que, en mi opinión, Agnes Wickfield está tan por encima de usted, tan lejos de todas sus aspiraciones, como esa luna.
–¡Qué serena está! ¿No cree? –exclamó Uriah–. ¡Verdaderamente serena! Confiese de una vez, señorito Copperfield, que jamás me ha querido como yo le he querido a usted. Siempre me ha considerado demasiado humilde, ¿no es as�
–No me gusta que la gente se jacte de su humildad –contesté–, ni de ninguna otra cosa.