David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Abracé al señor Wickfield y le imploré, en nombre de todo lo que pasaba por mi imaginación y especialmente en nombre de su amor por Agnes, que se calmara un poco. Parecía haber perdido el juicio; se mesaba los cabellos, se golpeaba la cabeza, trataba de apartarme de él y de separarse de mí, no contestaba a mis preguntas, no miraba ni veía a nadie, buscaba ciegamente algo que ni él mismo sabía lo que era, con el rostro desencajado y la mirada extraviada… ¡Un horrible espectáculo!

Le rogué, de un modo incoherente aunque con la mayor vehemencia, que no se abandonara a la desesperación y que me escuchase. Le pedí que pensara en Agnes, y en Agnes y en mí; que no olvidara que habíamos crecido juntos, que yo la respetaba y la quería, que ella era su orgullo y su alegría. Intenté que la imagen de su hija le devolviera la cordura; e incluso le reproché que no tuviese la firmeza de evitarle una escena como aquélla. Es posible que mis palabras surtieran algún efecto, o que su cólera se apagara por sí misma; pero fue serenándose poco a poco, y empezó a mirarme, al principio de un modo extraño, después como si me reconociera.

–¡Lo sé, Trotwood! –exclamó finalmente–. Mi querida hija y tú…, lo sé. ¡Pero míralo a él!

Y señaló a Uriah, pálido y ceñudo en un rincón; era evidente que sus cálculos habían fallado, algo que le había cogido por sorpresa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker