David Copperfield
David Copperfield El camino más corto para regresar a casa (y, como es natural, tomé el camino más corto en una noche como aquélla) pasaba por Saint Martin’s Lane. La iglesia que da nombre a esa travesÃa estaba entonces mucho más encajonada que en la actualidad; apenas tenÃa espacio libre delante de ella, y la pequeña callejuela descendÃa sinuosamente hasta el Strand. Al llegar a la altura de los escalones del pórtico, me tropecé en la esquina con un rostro de mujer, que me miró, cruzó la calle y desapareció. Yo la conocÃa. La habÃa visto en algún lugar, aunque no pudiera recordar dónde. Me traÃa a la memoria algún recuerdo que me llegaba directamente al corazón; pero, cuando ella apareció, iba tan enfrascado en mis pensamientos que no pude evitar sentirme confuso.
En los peldaños de la iglesia, descubrà la silueta encorvada de un hombre que habÃa depositado un fardo sobre la nieve para cerrarlo mejor. Lo vi al mismo tiempo que a la mujer. No creo que me hubiera detenido a pesar de mi sorpresa; pero lo cierto es que, mientras yo continuaba, él se incorporó y, dándose la vuelta, vino en mi dirección. ¡Y me encontré cara a cara con el señor Peggotty!