David Copperfield
David Copperfield –Ésta llegó la primera –dijo, eligiendo una–, a los pocos dÃas de mi partida. Es un billete de cincuenta libras, envuelto en una hoja de papel donde habÃan escrito mi dirección, y que metieron por debajo de la puerta durante la noche. Ella intentó disimular la letra, pero ¡cómo iba a engañarme!
Volvió a doblar la carta con enorme cuidado y paciencia, exactamente igual que antes, y la colocó a un lado.
–Ésta le llegó a la señora Gummidge –señaló, abriendo otra– hace dos o tres meses.
Después de contemplarla durante unos instantes, me la dio, añadiendo en voz baja:
–Tenga la bondad de leerla, señor.
Leà lo siguiente: