David Copperfield
David Copperfield –Sà –repuso Traddles, con la mayor inocencia–; se ha convertido en un motivo de diversión para nosotros. Las hermanas afirman que Sophy tiene un mechón en su escritorio y que, para conservarlo aplastado, se ve obligada a guardarlo en un libro con cierre metálico. Es una broma entre nosotros.
–Por cierto, mi querido Traddles –dije–, tu experiencia podrÃa serme muy útil. Cuando te comprometiste con la joven de que me hablas, ¿pediste formalmente su mano a la familia? ¿Pasaste por una situación semejante… a la de hoy, por ejemplo? –añadà con nerviosismo.
–En mi caso, Copperfield –replicó él, poniéndose serio–, la negociación fue bastante complicada. Sophy es tan necesaria dentro de su casa que nadie soportaba la idea de que pudiese contraer matrimonio. Lo cierto es que habÃan decidido que no se casara jamás, y siempre la llamaban la solterona. Por ese motivo, cuando, con la mayor cautela, hablé con la señora Crewler…
–¿Su madre? –pregunté.
–En efecto –dijo Traddles–. Su padre es el reverendo Horace Crewler. Cuando, con todo el cuidado del mundo, hablé con la señora Crewler, la noticia le causó tanta impresión que lanzó un grito y se desvaneció. Pasaron meses antes de que pudiera abordar nuevamente el asunto.
–¿Y por fin lo hiciste?