David Copperfield

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Como es natural, le conté inmediatamente a mi tía el resultado de nuestra entrevista, y todo lo que habíamos dicho y hecho en ella. Se alegró de verme tan feliz, y prometió visitar a las tías de Dora sin pérdida de tiempo. Pero aquella noche, mientras yo escribía a Agnes, estuvo paseando tanto tiempo de un lado a otro del apartamento que pensé que se proponía andar hasta la mañana siguiente.

Mi carta a Agnes estaba llena de entusiasmo y de agradecimiento; le explicaba lo bien que me había ido siguiendo sus consejos. Me contestó a vuelta de correo. Su respuesta fue optimista, sensata y alegre. Desde entonces se mostró siempre alegre.

Yo estaba ahora más ocupado que nunca. Si tenemos en cuenta mis viajes diarios a Highgate, Putney se hallaba realmente lejos; y, como es lógico, quería ver a Dora con la mayor frecuencia posible. Como no podía ir a tomar el té, conseguí que la señorita Lavinia me permitiera ir los sábados por la tarde, sin detrimento de mis privilegiados domingos. El fin de semana se convirtió, de ese modo, en algo maravilloso para mí; y pasaba el resto de los días esperando que llegara.



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