David Copperfield
David Copperfield Y volvimos a la guitarra, a la pintura y las flores, a las canciones que hablaban de la imposibilidad de dejar de bailar, ¡tralalá!, y las semanas transcurrían felices. Alguna vez estuve a punto de insinuar a la señorita Lavinia que trataba al amor de mi corazón como si fuera una muñeca; y en ocasiones me sorprendía ver que yo también había caído en el error general y la trataba de ese modo… aunque no con mucha frecuencia.