David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La habían persuadido de que yo no era un buen muchacho, lo que la afligía mucho más que mi partida. Aquello me partió el alma. Intenté tomar mi desayuno de despedida, pero mis lágrimas caían sobre el pan con manteca y salpicaban la taza de té. Advertí que mi madre me miraba algunas veces, y después volvía los ojos hacia la vigilante señorita Murdstone, bajaba la cabeza o desviaba la vista.

–¡Ahí está el equipaje del señor Copperfield! –gritó la señorita Murdstone, al oír el estrépito de unas ruedas junto a la entrada.

Busqué con la vista a Peggotty, pero ni ella ni el señor Murdstone aparecieron. Mi viejo conocido, el cochero, estaba en la puerta; sacaron mi baúl y lo subieron al carro.

–¡Clara! –dijo la señorita Murdstone en tono amonestador.

–Tienes razón, mi querida Jane –repuso mi madre, que había rodeado mi cuello con sus brazos–. Te perdono, hijo mío. ¡Y que Dios te bendiga!

–¡Clara! –repitió su cuñada.

La señorita Murdstone tuvo la amabilidad de acompañarme al carro, diciéndome por el camino que esperaba que me arrepintiera antes de que fuera demasiado tarde. Entonces me senté junto al cochero y el caballo empezó a alejarse con paso cansino.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker