David Copperfield
David Copperfield –Como usted no me comprendió demasiado bien, señorito Copperfield –prosiguió Uriah, en el mismo tono oficioso–, puedo tomarme la libertad de mencionar humildemente, ya que estamos entre amigos, que he llamado la atención del doctor Strong sobre los tejemanejes de su esposa. Me resulta muy doloroso, se lo aseguro, Copperfield, inmiscuirme en un asunto tan desagradable; pero lo cierto es que todos nos vemos continuamente mezclados en historias que no deberÃan ocurrir. A eso me referÃa en nuestra conversación, señor, cuando usted no quiso comprenderme.
Al recordar su inicua mirada, me gustarÃa saber por qué no lo agarré del cuello e intenté estrangularle.
–Creo que no me expliqué con demasiada claridad –continuó–, pero tampoco lo hizo usted. Como es natural, los dos tratábamos de evitar un tema tan escabroso. Sin embargo, he tomado la decisión de hablar con claridad; y le he contado al doctor Strong que… ¿decÃa algo, señor?
Dirigió esta pregunta al doctor, que habÃa dejado escapar un gemido. Cualquier corazón se habrÃa conmovido al oÃrlo, pensé, pero el de Uriah ni se inmutó.