David Copperfield
David Copperfield –… le he contado al doctor Strong –prosiguió– que cualquiera puede ver que el señor Maldon y la hermosa y encantadora señora Strong se muestran demasiado tiernos el uno con el otro. Ha llegado el momento (puesto que nos vemos mezclados en algo que no deberÃa ocurrir) de que el doctor Strong sepa que era algo tan claro como el agua para todos antes de que el señor Maldon se marchase a la India; que es lo único que le empujó a volver de allÃ; y lo único que le trae a todas horas por esta casa. Cuando ha entrado usted, señor, estaba pidiéndole a mi socio –añadió, volviéndose hacia el señor Wickfield– que le dijera al doctor Strong, bajo palabra de honor, si no pensaba lo mismo, y desde hace mucho tiempo. ¡Vamos, señor Wickfield! ¿Quiere tener la bondad de contestarnos? ¿Sà o no, señor? ¡Vamos, socio!
–¡Por amor de Dios, mi querido doctor! –exclamó el señor Wickfield, poniendo de nuevo su mano indecisa sobre el brazo del doctor–. No conceda demasiada importancia a las sospechas que yo haya podido abrigar.
–¡Lo ve! –gritó Uriah, moviendo la cabeza–. ¡Qué triste confirmación! ¡Y de él! ¡Un viejo amigo suyo! Cuando yo no era más que su empleado, Copperfield, le he visto, no una vez sino más de veinte… realmente enojado (algo natural en un padre, y no seré yo quien le culpe por eso), pensando que Agnes se veÃa mezclada en cosas que no deberÃan ocurrir.