David Copperfield
David Copperfield –He ahà el modo correcto de presentar las cosas, señorito Copperfield –señaló Uriah, haciendo gala de una piedad ofensiva y servil.
–… una dama tan joven y atractiva, por muy sincero que fuera su respeto por usted, podÃa haber sido empujada al matrimonio por consideraciones de orden puramente material. No se me ocurrió tener en cuenta los innumerables sentimientos y circunstancias que podÃan haber jugado a favor de esa unión. ¡Recuerde eso, por amor de Dios!
–¡Qué modo tan caritativo de decirlo! –comentó Uriah, moviendo la cabeza.
–Siempre miré a la señora Strong desde un único punto de vista –prosiguió el señor Wickfield–; por todo lo que le es querido en este mundo, viejo amigo, le suplico que no olvide eso. Y, puesto que no tengo más remedio, le confesaré…
–¡Es cierto! ¡No hay salida posible, señor Wickfield! –exclamó Uriah–. Una vez que ha llegado a este punto.