David Copperfield
David Copperfield La lealtad y la generosidad parecÃan iluminar su sencilla figura. Cada palabra que pronunciaba tenÃa una fuerza que ninguna otra cualidad hubiera podido infundirle.
–Mi vida junto a la señora Strong ha sido muy feliz. Hasta esta noche, sólo he tenido ocasión de bendecir el dÃa en que cometà la gran injusticia de casarme con ella.
Su voz, cada vez más entrecortada, se detuvo durante unos segundos; entonces prosiguió:
–Ahora que he despertado de mi sueño (toda mi vida he sido un pobre soñador, de un modo u otro), comprendo cuán natural es que Annie recordara con nostalgia a su viejo compañero de juegos, tan joven como ella. Que pensase en él con cierta inocente tristeza, evocando ingenuamente lo que habrÃa podido ocurrir, de no haber aparecido yo, es, me temo, del todo cierto. Muchas cosas que yo habÃa visto sin que llamaran mi atención han acudido a mi memoria, con un nuevo significado, en el transcurso de esta dolorosa conversación. Pero, aparte de eso, caballeros, el nombre de esta adorable dama no debe asociarse jamás a una palabra, siquiera a un aliento, de duda.
Durante un instante, su mirada se encendió y su voz adquirió firmeza; después se quedó un momento en silencio, antes de continuar: