David Copperfield
David Copperfield La señorita Clarissa y mi tÃa recorren Londres en busca de nuestro mobiliario, y después nos llevan a Dora y a mà a dar el visto bueno. SerÃa mejor que lo compraran ellas mismas, olvidando la ceremonia de nuestra inspección; pues, cuando vamos a ver un guardafuegos para la cocina y una fresquera, Dora descubre una casita china para Jip, con campanillas en el techo, y prefiere gastar el dinero en ella. Y, una vez comprada, Jip tarda mucho tiempo en acostumbrarse a su nueva residencia; y, cada vez que entra o sale, suenan las campanillas y tiene muchÃsimo miedo.
Peggotty viene a ayudarnos, y se pone inmediatamente manos a la obra. Su especialidad parece ser limpiar todo una y otra vez. Frota todo lo que puede ser frotado hasta que brilla tanto como su honrada frente. Y es en aquella época cuando empiezo a ver a su hermano, paseando solitario por las oscuras calles, al anochecer, fijándose en las caras de los transeúntes. Nunca me dirijo a él a esas horas. Cuando su grave figura sigue su camino, sé demasiado bien lo que busca y lo que teme.
Me gustarÃa saber por qué Traddles se da tanta importancia una tarde en que viene a buscarme a los Commons, donde voy de vez en cuando, para cubrir las apariencias, si dispongo de un poco de tiempo. Mi sueño de juventud está a punto de cumplirse. Voy a sacar mi licencia de matrimonio.