David Copperfield
David Copperfield Quiero coger a Jip (que nos acompaña en nuestro viaje), pero Dora dice que no, que tiene que llevarlo ella; si no, Jip podrÃa pensar que ha dejado de quererlo tras su matrimonio… y eso le partirÃa el alma. Salimos del brazo, y Dora se detiene y exclama, dándose la vuelta: «¡Si alguna vez he sido antipática o desagradecida con alguno de ustedes, espero que lo olviden!», y rompe a llorar.
Dice adiós con su pequeña mano, y reanudamos nuestra marcha. Se detiene una vez más, vuelve la vista y corre hacia Agnes, pues quiere darle sus últimos besos y adioses sólo a ella.
Partimos juntos, y despierto de mi sueño. Por fin me lo creo. Tengo a mi lado a mi querida, querida mujercita ¡y estoy tan enamorado de ella!
–¿Eres feliz ahora, tontuelo? –me pregunta Dora–. ¿Seguro que no te arrepientes?
Me he apartado a un lado para ver desfilar ante mà los fantasmas de aquellos dÃas. Ellos han desaparecido, y yo retomo el hilo de mi historia.