David Copperfield
David Copperfield –Muy bonitos.
–Entonces déjame quedarme siempre a tu lado y ver cómo escribes.
–Me temo que eso no los volverá más hermosos, Dora.
–¡Sà lo hará! De ese modo, sabelotodo, no podrás olvidarte de mà mientras estés lleno de silenciosas fantasÃas. ¿Te importa si digo una tonterÃa muy, muy grande… incluso más de lo habitual? –preguntó, asomando su rostro por encima de mi hombro.
–¿Qué maravilla es ésa? –inquirÃ.
–Déjame darte las plumas a medida que las necesites –suplicó Dora–. Me gustarÃa hacer algo durante todas esas horas en que trabajas tanto. ¿Puedo ocuparme de las plumas?