David Copperfield
David Copperfield –Ayer vino un caballero –dijo–, un caballero muy corpulento que se llamaba Topsawyer. Quizá le conozca…
–No –respondÖ, creo que no.
–VestÃa calzones y polainas, sombrero de ala ancha, chaqueta gris y corbatÃn moteado –explicó.
–No –contesté tÃmidamente–; no tengo ese placer.
–Entró en el comedor –afirmó el camarero– y pidió una jarra de esta cerveza. Le rogué que no la bebiera, pero se empeñó… y cayó muerto. Era demasiado añeja para él. Creo, sinceramente, que no se deberÃa servir a los clientes.
Me impresionó mucho aquel desgraciado accidente y le dije que preferÃa beber agua.
–Verá –dijo el camarero, mirando la luz a través del vaso con un ojo guiñado–, en esta posada no les gusta que la gente pida algo y no lo pruebe. Se sienten ofendidos. Aunque, si quiere, yo tomaré su cerveza. Estoy acostumbrado a ella, y eso es lo importante. No creo que me haga daño, si echo la cabeza hacia atrás y bebo rápidamente. ¿Le parece bien?