David Copperfield
David Copperfield –Si tengo aquà algún amigo que pueda hablar en mi favor o en el de mi marido en este asunto; si tengo aquà algún amigo capaz de expresar con palabras esa sospecha que en ocasiones mi corazón me ha susurrado; si tengo aquà algún amigo que admire al doctor o que alguna vez me haya querido… y ese amigo sabe algo, sea lo que fuere, que ayude a reconciliarnos, ¡le suplico que no se calle!
Hubo un profundo silencio, que rompà tras unos segundos de dolorosa indecisión.
–Señora Strong –dije–, sé algo que su marido me habÃa pedido encarecidamente que ocultara, y que he guardado en secreto hasta esta noche. Pero creo que, en estos momentos, serÃa un acto equivocado de lealtad y de delicadeza seguir haciéndolo, y que su ruego me libera de esa obligación.
Annie volvió un instante su rostro hacia mÃ, y yo comprendà que no me equivocaba. No hubiera podido resistir su mirada suplicante, aunque hubiese sido menos elocuente.
–Tal vez esté en sus manos nuestra paz futura –exclamó–. ConfÃo plenamente en que no omitirá nada. Sé de antemano que nada de lo que usted u otra persona pueda decirme mostrará el noble corazón de mi marido bajo una luz diferente. Por mucho que me hieran sus palabras, haga caso omiso de ello. Después hablaré en mi defensa, primero ante él y luego ante Dios.