David Copperfield
David Copperfield –En aquella época mi madre se hallaba muy preocupada por mi primo Maldon. Yo le habÃa querido mucho –explicó con dulzura, pero abiertamente y sin el menor titubeo–. En nuestra infancia, habÃamos estado algo enamorados. Si las circunstancias hubieran sido diferentes, quizá hubiese acabado por convencerme de que realmente le amaba, y quizá me hubiera casado con él y hubiera sido muy desgraciada. No existe mayor disparidad en un matrimonio que la causada por la incompatibilidad de ideas y caracteres.
A pesar de que seguà escuchando con atención a Annie, aquellas palabras me dieron mucho en que pensar, como si encerraran un interés especial o tuvieran alguna extraña aplicación que yo fuera incapaz de adivinar. «No existe mayor disparidad en un matrimonio que la causada por la incompatibilidad de ideas y caracteres… No existe mayor disparidad en un matrimonio que la causada por la incompatibilidad de ideas y caracteres».
–El señor Maldon y yo no tenemos nada en común –prosiguió la joven–. Lo descubrà hace mucho tiempo. Si no tuviera nada más que agradecer a mi marido, al que debo tantÃsimas cosas, tendrÃa que darle las gracias por haberme salvado del primer impulso erróneo de mi corazón indisciplinado.
Continuaba inmóvil delante del doctor, y hablaba con una seriedad que me conmovió. Sin embargo, su voz era tan dulce como antes.