David Copperfield
David Copperfield –No puedo reprocharle a mamá –prosiguió– que te haya pedido algo para sà misma, y estoy convencida de que sus intenciones han sido siempre buenas… pero cuando vi las continuas y molestas peticiones que te hacÃan en mi nombre; el modo en que, por mi culpa, se aprovechaban de ti; lo generoso que eras, y cuánto irritaba aquella situación al señor Wickfield –que se preocupaba muchÃsimo por tu bienestar–, sentà por primera vez que existÃa la ruin sospecha de que yo habÃa vendido mi amor… y precisamente a ti, el hombre que más quiero en el mundo… y aquella ignominia que no merecÃa, y en la que te obligaba a tomar parte, cayó sobre mÃ. No tengo palabras para explicarte cuánto me atormentó (mamá no se lo puede imaginar) llevar siempre ese temor y ese malestar en el corazón, aunque en el fondo de mi alma sabÃa que el dÃa de mi boda habÃa coronado el amor y el honor de mi vida.
–¡He aquà una muestra de agradecimiento por haber cuidado de toda la familia! –dijo la señora Markleham, llorando–. ¡Ojalá fuese turca!
(–¡Ojalá lo fuera… y no hubiese salido de su paÃs natal! –murmuró mi tÃa).