David Copperfield
David Copperfield –¡Tu corazón es tan puro! –exclamó el doctor–. ¡Annie, amor mÃo!
–¡Tan sólo unas palabras más! Antes pensaba que habrÃas podido casarte con muchas mujeres que no te causaran tales disgustos y preocupaciones, y que hicieran más digno tu hogar. TenÃa la dolorosa sensación de que habrÃa sido mejor continuar siendo tu alumna, casi tu hija. TemÃa no ser la esposa que convenÃa a tus conocimientos y a tu sabidurÃa. Si todo esto me empujó a encerrarme en mà misma (como asà ocurrió) cuando tenÃa tanto que contarte, fue también por lo mucho que te respetaba y porque deseaba que algún dÃa pudieras respetarme a mÃ.
–Ese dÃa empezó a brillar hace mucho tiempo, Annie –dijo el doctor–, y no dejará de hacerlo hasta que llegue la noche más larga, querida mÃa.