David Copperfield
David Copperfield –¡Unas palabras más! Entonces tomé la firme decisión de soportar todo el peso de la indignidad de un hombre con quien te habÃas mostrado tan bondadoso. ¡Y, ahora, una última palabra, mi mejor y más querido amigo! Esta noche he visto con claridad cuál era la causa del cambio que, con tanto dolor y pesadumbre, habÃa observado en ti, y que unas veces achaqué a mis viejos temores y otras a vagas suposiciones más cercanas a la verdad. Y he sabido, asimismo, por casualidad hasta dónde llegaba tu fe en mÃ, aun estando equivocado. No creo que todo el amor y toda la lealtad que yo pueda ofrecerte consigan hacerme digna de tu inapreciable confianza; aunque, sabiendo lo que ahora sé, pueda levantar mis ojos hacia ese amado rostro –venerado como padre, amado como esposo, sagrado en mi niñez como amigo– y declarar solemnemente que jamás te he ofendido, ni con el más leve pensamiento; y que el amor y la fidelidad que te debo jamás han flaqueado.
Annie tenÃa los brazos alrededor del cuello del doctor, que inclinó su cabeza sobre la de ella, mezclando sus cabellos grises con las trenzas color castaño oscuro de la joven.