David Copperfield
David Copperfield Después de una breve lucha interior, le miré y le dije:
–Ya ha oÃdo mis palabras. Considere que se las he dirigido a usted, si asà lo prefiere. ¿Cuál es su respuesta?
–Señor –contestó, uniendo y separando de vez en cuando sus delicadas yemas–, mi respuesta no puede ser categórica. Una cosa es traicionar la confianza del señor James para contarle algo a su madre, y otra muy distinta traicionarla para contárselo a usted. No considero probable que el señor James alentara una correspondencia que pudiese aumentar el abatimiento y las desavenencias; pero no quisiera extenderme más en ese asunto, señor.
–¿Es eso todo, señor Copperfield? –me preguntó la señorita Dartle.
Le respondà que no tenÃa nada más que añadir, salvo que comprendÃa el papel que habÃa desempeñado aquel individuo en la cruel historia, y que asà se lo comunicarÃa al hombre que habÃa servido de padre a la joven desde su más tierna infancia; le aconsejé que, por ese motivo, se abstuviera de aparecer demasiado en público.
Littimer se habÃa detenido en el momento en que empecé a hablar, y me habÃa escuchado con su flema acostumbrada.