David Copperfield
David Copperfield –Señorito Davy –repuso–, es algo que me he planteado muchas veces, y que jamás he sabido responder. Y lo curioso es que, a pesar de su afabilidad, no me atreverÃa a preguntárselo. Siempre se ha dirigido a mà con el mayor respeto, y no creo que ahora empezase a hablarme de otro modo; pero sus pensamientos no duermen en aguas tranquilas… lo hacen a gran profundidad, y soy incapaz de ver el fondo.
–Tiene razón –exclamé–, y eso es lo que algunas veces me ha inquietado.
–A mà también, señorito Davy –replicó–. Incluso más que sus temeridades, se lo aseguro, aunque su origen sea el mismo. No creo que Ham fuese capaz de hacerle daño a nadie, pero ¡espero que esos dos hombres no vuelvan a encontrarse!
Acabábamos de entrar en la City por Temple Bar.[96] El señor Peggotty dejó de conversar y, caminando a mi lado, se entregó por completo a la única finalidad de su abnegada vida; y siguió hacia delante con aquella concentración silenciosa por la que habrÃa seguido siendo, en medio de una multitud, una figura solitaria. No estábamos lejos del puente de Blackfriars cuando volvió la cabeza y señaló la silueta de una mujer que pasaba con prisa al otro lado de la calle. Comprendà que era la joven que buscábamos.