David Copperfield
David Copperfield La joven alzó los ojos y declaró solemnemente que se consagrarÃa con fervor y lealtad a esa tarea. Que su ánimo jamás flaquearÃa, y que jamás abandonarÃa la búsqueda ni se apartarÃa de ella mientras quedara la menor esperanza. Y si faltaba a su promesa, ¡que la meta que ahora tenÃa en la vida y que la comprometÃa con algo en lo que no habÃa maldad, la dejara, al alejarse de ella, más triste y desesperada, si esto fuese posible, de lo que habÃa estado aquella noche en la orilla del rÃo! ¡Y que cualquier ayuda, divina o humana, le fuera denegada para siempre!
Martha no alzó la voz, ni pareció dirigirse a nosotros, sino al oscuro cielo nocturno; luego guardó silencio, contemplando las aguas tenebrosas.
Juzgamos oportuno entonces contarle cuanto sabÃamos, lo que hice con todo detalle. Me escuchó con la mayor atención; la expresión de su rostro a menudo cambiaba, pero siempre reflejaba la misma resolución. De vez en cuando sus ojos se llenaban de lágrimas, pero ella las reprimÃa. Era como si su espÃritu hubiera sufrido una gran transformación, y su serenidad fuese ahora completa.