David Copperfield
David Copperfield –SerÃa incapaz de hacer lo que he prometido por dinero. No podrÃa aceptarlo, aunque me estuviera muriendo de hambre. Darme dinero serÃa igual que retirarme la confianza, y despojarme de la finalidad que han dado a mi vida, lo único que impide que me arroje al rÃo.
–¡En nombre del Juez Supremo, ante el que usted y todos los demás hemos de comparecer en la hora temible, aparte esos terribles pensamientos! –exclamé–. Todos podemos hacer algún bien, si queremos.
Ella se estremeció, sus labios temblaron y su rostro palideció, cuando respondió:
–Es posible que sus corazones deseen salvar a una criatura despreciable empujándola al arrepentimiento. No me atrevo siquiera a pensarlo; es una temeridad por mi parte. Si pudiese hacer algún bien, tal vez recobrarÃa la esperanza; pues hasta ahora no he sembrado sino el mal. Por primera vez desde hace mucho tiempo, no querré poner fin a mi vida miserable, gracias a la misión que me han encomendado. Es lo único que sé, y cuanto puedo decir.