David Copperfield
David Copperfield Al final, yo salía huyendo cada vez que veía acercarse a un emisario de la policía con nuevas noticias; y llevé una vida clandestina hasta que lo juzgaron y condenaron a la deportación. Pero ni siquiera entonces logró calmarse, y constantemente nos escribía cartas; deseaba tanto ver a Dora antes de su partida que ella le visitó, y se desmayó al verse entre rejas. En una palabra, no conocí la tranquilidad hasta que fue expatriado y se convirtió (según me enteré después) en pastor en un lugar al norte de algún país; no tengo la menor noción geográfica de dónde.
Todo esto me empujó a reflexionar muy seriamente, y me hizo ver nuestros errores bajo una luz nueva; no pude evitar hablar con Dora una noche, a pesar de mi ternura por ella.
–Mi amor –le dije–, me resulta muy doloroso pensar que nuestra falta de organización no sólo nos afecta a nosotros (que ya nos hemos acostumbrado) sino también a otras personas.
–Llevabas mucho tiempo sin hablar de eso, ¿vas a enfadarte conmigo ahora? –preguntó.
–¡De ningún modo, querida! Déjame explicarte lo que quiero decir.
–Prefiero no saberlo –respondió.
–Pero quiero que lo sepas, mi amor. Deja a Jip en el suelo.